Disautonomía y fisioterapia

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Con los años he tenido la suerte de encontrar increíbles profesionales de la salud y, por otra parte, he tenido la meta de lograr mejorar mi calidad de vida. Estos dos elementos me han ayudado a descubrir estrategias que me ayudan con síntomas poco comunes de la disautonomía.

Las personas que vivimos con una condición como la disautonomía sabemos que los síntomas van más allá de un desmayo, de cansancio crónico o una taquicardia. Envuelven tantos y tantos síntomas que solo en el día a día podemos ir descubriendo algo nuevo. Y es que, si lo pensamos bien, el sistema nervioso autónomo es responsable de tantas funciones, que un problema en su funcionamiento deriva en un reto personal de comprender cómo tu cuerpo no funciona como debería hacerlo.

Uno de los síntomas con los que he lidiado durante toda mi vida son dolores musculares o articulares. Como muchas personas que tienen disautonomía en algún momento fui diagnosticada, de manera incorrecta, con fibriomialgia. Por etapas de mi vida y también por estaciones del año, estos dolores se van o llegan de manera más crónica.

Desde mi experiencia, este síntoma poco comentado de la disautonomía es uno de los que más afectaba mi calidad de vida y también es una de la razones por las que el ejercicio se vuelve tan complicado. Es justo ahí donde entra la fisioterapia.

Beneficios de la fisioterapia en la disautonomia

La fisioterapia tiene el objetivo de: restaurar, mantener y mejorar la función, el movimiento y la capacidad de una persona. De tal forma que la fisioterapia ayuda a recuperar la movilidad, la fuerza y en algunos casos, controlar el dolor. Existen muchísimas otras funciones de la fisioterapia y distintos campos en los que contribuye en el bienestar de las personas.

En una crisis de dolor intenso, un amigo me recomendó un fisioterapeuta, si bien ya había ido a sesiones por un accidente, nunca lo había considerado como una opción para esas crisis de dolor que me ocasionaba la disautonomía. Así que probé y fue de las mejores decisiones que he tomado para mi salud.

Tuve la fortuna de no encontrarme con cualquier fisio, sino con el mejor fisio, Edson conocía sobre la disautonomía y entendía cómo podía ayudarme.

Estuve recibiendo fisioterapia en casa hasta dos veces por semana. Y dolores que solo se podían controlar con un desinflamatorio o un analgésico, empezaron a desaparecer. Sentí como si mi cuerpo estuviera descansando después de mucho tiempo.

En ese momento me recuperaba de una cirugía y el no moverme tanto, más ser una época del año donde hay mucha humedad en el lugar donde vivo, me tenía con dolor constante, al que sinceramente me había acostumbrado y afectaba muchísimo mi calidad de vida.

Así que cuando llegué con el fisio las sesiones eran complejas y hasta en ese aspecto tuvo la experiencia para saber que debían de ser de poco a poco, porque de lo contrario a mi cuerpo le costaría mucho reponerse de la fisioterapia. Supo trabajar cada parte de mi cuerpo donde la inflamación se había concentrado.

A la par de la fisioterapia había empezado ejercicio de cardio y fuerza, en lo cual fue determinante contar con ella para poder ayudarle a mi cuerpo en la adaptación.

Desde mi experiencia el ejercicio es complejo para las personas que vivimos con disautonomía no solo por los síntomas comunes: mareos, taquicardia, cansancio o desmayos, sino porque los procesos inflamatorios después de hacer ejercicio son exagerados, una respuesta más desproporcionada de un cuerpo con disautonomía.

De no contar con la fisioterapia no hubiera dado ese salto en mi ejercicio, no podría haber levantado peso, estoy segura que frente al dolor, hubiera desistido. Y aún así me reconozco que al menos hacía esfuerzos por seguir haciendo ejercicios sin esta ayuda.

Duré aproximadamente de 2 a 3 meses con sesiones semanales. Pero desde la semana 2 dejé de tener dolor constante por ejemplo en mis manos. Y al ir trabajando con peso, me ayudó a temas que no se relacionaban a la disautonomía pero sí a mi genética como temas con el hombro, que hoy en día ya no sufro más por él.

La fisioterapia me dio dos grandes regalos: la oportunidad de ejercitarme de mejor forma y una vida sin dolor. Por eso, desde mi experiencia los beneficios que tiene la fisioterapia en la disautonomía son:

  • Control de dolor muscular o articular.
  • Ayuda en el manejo de circulación en las piernas.
  • Aliado para el manejo de procesos inflamatorios musculares.
  • Aliado estratégico para incorporar el ejercicio.

Después de esos meses iniciales, no requiero sesiones cada semana incluso ni siquiera de manera mensual. Pero sí es una herramienta indispensable para mi calidad de vida. Existen épocas del año donde aparecen crisis de dolor donde tengo que volver algunas sesiones o incluso cuando incremento peso en los ejercicios de fuerza o el nivel de ejercicio aumenta, vuelvo para ayudarle a mi cuerpo con el manejo del dolor y la adaptación.

Cuando tengo crisis o rachas de disautonomía termino siempre en sesiones de fisioterapia. La recomiendo y la considero una herramienta valiosísima para nuestra calidad de vida. Es importante que tu fisioterapeuta conozca sobre la condición y sepa cómo puede contibuir en el manejo del dolor.

¡Gracias, Edson! Gracias por adaptar tu terapia a una persona con disautonomía. Gracias por contribuir a mejorar mi calidad de vida y la de todos tus pacientes.

Comunidad disautónoma: espero este consejo te sea de ayuda. Si tienes alguna experiencia con la fisioterapia no te olvides de dejarnos tus comentarios.

-ALHQ 💙

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